miércoles, 3 de abril de 2013

La nueva España

España es vanidad de su ñ.
Pronunciación en adagio. 
Romance de Castilla y Aragón.
¿Cómo analizar lo español si la lengua me hace juez y parte?  Al escribir, no sé si hacerlo de mí o de él, o si me es permitido usar el plural. Quisiera no adjetivar este texto: temo encontrar historias insuperadas. Como si viera en el día del juicio una lista de pecados: de rebeldía  que humilla a la humildad por mi soberbia.
Desobedecer a los padres es fácil, mientras no exista la conciencia. Que exista o sea conocida, que sea consciente de la conciencia que responde a los atrevimientos. Porque el cuerpo no puede vivir sin la cabeza, y tampoco sin el corazón. Al borde del suicidio, el pensamiento gira por lo menos mil veces antes de que la juventud decida continuar contando días. Es que, después de la absolución, la nueva vida viene con la penitencia.
Para obrar mejor en el futuro, es necesario discernir: de lo bueno, lo mejor. Este ejercicio, invoca los nombres de muchos pasados. Quizás, desde el momento de los padres, que uniéndose hicieron el comienzo. ¡Qué mejor que soñar en la inocencia de la infancia! Sinite parvulos venire ad me. Y como tal, re-educarse en la unión y la fe: signo de verdadero arrepentimiento.
Pero, ¿no era la salvación para los pecadores? Por eso, siempre hay regresos, caídas, afectos desordenados. La bondad surgió por la agresión: lo bueno devino por lo malo. En la soledad de Francisco habitan los demonios sin nombre de su existencia. 

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